Existen múltiples maneras de elevar el nivel de consciencia, uno de ellos es a través de la respiración. Al respirar conscientemente se establece un estado psíquico totalmente diferente a cuando se respira en forma mecánica e involuntaria.
La respiración es el flujo de la vida orgánica. Es el único contacto ininterrumpido que mantenemos con la madre naturaleza, y que a manera de cordón umbilical nos suministra los elementos necesarios para nuestra manutención. La suspensión de este vínculo significa la muerte.
Nuestros estados anímicos e imaginativos se corresponden con nuestro particular modo de respirar. La persona que respira profundamente siempre tiene más energía psíquica y biológica. El que respira superficialmente es generalmente tímido y asténico.
La correcta respiración es una de las causas determinantes de una buena salud, de un sistema nervioso equilibrado, de un estado emocional sereno y de una mente alerta.
El proceso respiratorio es la única función vegetativa (involuntaria) que puede ser influenciada por nuestra voluntad. Es decir, al inspirar voluntariamente en forma profunda estamos imponiendo nuestra voluntad sobre el sistema vegetativo.
La educación y el dominio de la respiración permiten extender la influencia volitiva a reacciones emocionales y nerviosas que están fuera de nuestro control.
Existe interacción entre nuestra actividad mental y emocional y el proceso respiratorio. Al estar plácidos, nuestra respiración se torna más rítmica, suave y pausada; cuando estamos tensos, el flujo respiratorio es entrecortado, arrítmico y superficial; al recibir un impacto emocional tiende a paralizarse. Cuando estamos concentrados, respiramos suave e imperceptiblemente; al dejar vagar nuestra mente el proceso se hace irregular.
Realiza este ejercicio para aumentar la vitalidad antes de iniciar tus actividades diarias:
1ª etapa: de pie, con los ojos cerrados, talones juntos, puntas de pies separadas, columna vertebral derecha, barbilla levantada. Con los brazos estirados y rígidos juntar las palmas de las manos por delante a la altura del estómago. Las yemas de los dedos deben tocarse.
2ª etapa: comenzar a inspirar haciendo presión suavemente con el estómago hacia fuera, y levantando gradualmente ambos brazos a medida que se inspira, hasta que los pulgares lleguen a la altura de la barbilla.
3ª etapa: se continúa el movimiento abriendo los brazos hacia los lados hasta llevarlos bien atrás, momento en el cual deben haberse llenado los pulmones. Se retiene el aire durante unos segundos.
4ª etapa: comienza al iniciar la exhalación, momento en el cual se aflojan brazos y manos y se bajan suavemente a medida que se va exhalando, hasta que las palmas de las manos llegan a tocar los costados de las piernas, posición en la cual deben haberse vaciado completamente los pulmones.
5ª etapa: pausa de descanso antes de repetir el ejercicio completo.
De pie, con los pies un poco separados, la cabeza erguida y los hombros hacia atrás, se comienza a inspirar dilatando el abdomen, proyectándolo con cierta fuerza hacia delante hasta que se presente ligeramente abombado. Se continúa la inspiración hasta llenar los pulmones, dilatando ahora el tórax, con lo cual se deprime en forma natural el abdomen. Al espirar debe procurarse contraer el abdomen suavemente para facilitar la eliminación del aire residual.
De pie, sentado o acostado, se comienza por "sentir" el flujo y reflujo del aire, localizando dicha sensación en la dilatación y depresión pectoral. Siente cómo los pulmones se inflan y desinflan, exactamente igual como un globo. Continúa hasta que te sientas identificado con tu ritmo respiratorio. A continuación, procura reducir la velocidad respiratoria hasta que tu respiración sea imperceptible y totalmente silenciosa. Prosigue hasta lograr relajarte completamente o cambiar tu estado mental o emocional.
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