“Abro puertas para entrar en mis sueños. Dibujos, simples trazados espontáneos. “
Cualquier palabra, olor o momento es a veces propicio para que a la mente lleguen destellos de algún sueño. Esos sueños escurridizos que flotan en el limbo de nuestra mente en ocasiones asoman al consciente. Rápidamente vuelven a desaparecer y cuando más tratas de recordarlos más profundos quedan enterrados. Pequeñas puertas mágicas que se abren en el mundo ordinario. Afloran como sensaciones, emociones, son recuerdos cargados de energía, de una energía no física que aglomera los sentidos, es absurdo tratar de recordarlos desde la mente consciente, desde el yo cotidiano, desde la razón porque rápidamente desaparecen y se esfuman perdiéndose de nuevo bajo las aguas del sueño.
A veces esos sueños ambiguos, sutiles pueden ser cazados. Uno de esos destellos puede ser anclado y usado cómo puente, puerta, llave para acceder al subconsciente. El subconsciente es aquella parte de la mente que jamás se detiene, que siempre gira. El subconsciente es verdaderamente lo único que está siempre despierto aunque normalmente tapado por lo que llamamos consciente. A veces las fisuras del día dejan entrar esos retales de lo abstracto pero existe un mecanismo censor que no deja que los hemisferios se mezclen. La cordura pende de ese pequeño puente, esa puerta, esa cerradura, esa cabeza de alfiler por donde se cuelan los sueños.
Cazando un sueño y agarrándome a su cola para penetrar en lo desconocido.
Simple. Nada más aparezca el recuerdo de algo que soñaste esa noche anterior, átalo. Crea un dibujo, una palabra, enciérralo en un trazo, un sigilo. Simples líneas. Después cada vez que visualices ese dibujo tendrás acceso directo a esa parte de tu subconsciente. No necesitas recordar el sueño simplemente al visualizar el dibujo el sueño caerá sobre ti, el censor cede.
Caminar por esta tierra con los hemisferios danzando. Del mismo modo que lanzamos deseos a esa parte oculta para que después regresen haciéndose realidad.
Segunda sugerencia tratando de explicar cómo cazar un sueño y crear un túnel hacia el mundo onírico. “Hace ya una par de horas que me he despertado. Mientras mi pareja pone la radio y se pone a hacer las camas yo me pongo a cocinar. Así tendré la comida preparada y podremos ir a ver la actuación de los niños tranquilamente. En medio de una situación tan cotidiana y sin nada especial una palabra del locutor se mezcla con la conversación de mi pareja y hace saltar dentro mío un resorte. El censor cae por un momento y un pequeño recuerdo de lo que he solado hoy se cuela en esta realidad. Rápidamente. No trato de recordar nada más de ese sueño. Simplemente lo convierto en un símbolo. Esa sensación la hago tomar forma en mi cabeza. A partir de entonces durante toda esa mañana he podido recurrir a ese sueño una y otra vez recordando el símbolo.”
Pequeñas puertas que se abren, pequeñas puertas que se cierran.
La música de la radio se me clava en el cerebro. Esas melodías hipnóticas una y otra vez no paro de repetirlas. Esas famosas artistas, esas divas de la música, Rihanna, Britney, Gaga, Kesha… la radio no deja de pasar una tras otras canciones del mismo tipo. Mientras cocino no paran de sonar, me hipnotizan. Comprendo! Son sirenas. Son cantos de sirena. Esas canciones son hechizos. Se me vienen a la cabeza oscuros magos negros componiendo esos temas y dándoselos a esas sirenas para que los lancen al mundo y hechicen a las personas. Esa música sigilizada, cada vez que se oye, por cada persona que la escucha y tararea, son virus para la mente, se esparcen rápidamente. En pocos días esas canciones son moda, conocidas y tatareadas por todo el mundo. Cada vez que suenan son lanzadas, cargadas, magia negra doblegando mi voluntad, usando mi cuerpo como repetidor de su frecuencia. Debo evitar que resuene en mi cabeza, debo evitar escucharlas… se propagan contagiando todo a su paso.
Entiendo que la música y todas las creaciones actúan de ese modo. La diferencia está en quién lo hace conscientemente con un propósito. Para ganar dinero, para hacer que todos creamos algo, para insertar pensamientos en nuestra psique, para manipular a las masas…
A media mañana acudo a un festival infantil. Los niños bailan. Hacen coros. En parejas, en tríos, hacen círculos, bailan canciones tradicionales. Canciones, danzas, melodías rítmicas de todo el mundo. De África, de Europa del este, medievales… mi cuerpo responde. El pie golpea el suelo rítmicamente ajeno a mi voluntad. Música, esos bailes, esos ritmos huelen a tradición. A tierra. Puedo sentirme en Italia, me transporto a Grecia después, Nigeria, Dinamarca… la tierra, los sonidos de diferentes tierras. Por un momento entiendo que la tradición a lo largo de los años consiguió en cada parte del planeta comunicarse con su entorno. La tradición traduce la energía que brota de la tierra y la lanza. Los humanos. Nunca antes había sentido a las personas tan próximas a su planeta. Tan animales. Bailando y divirtiéndose. Sintiendo y sintiéndose.
Esos bailes, esos coros, esos pasos también trazan formas. También rompen el muro del sueño, esa niebla, el censor, la puerta. La entrada colectiva. La entrada al Olimpo del Inconsciente colectivo de la humanidad. Esos bailes, esas tradiciones abren las puertas. Rozan al mundo y el mundo les responde abriéndose. Esas canciones son los frutos de la tierra.