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El nazismo y la Iglesia católica: una alianza olvidada

El nazismo y la Iglesia católica: una alianza olvidada

fuente:http://miguel-esposiblelapaz.blogspot.com.es/2014/01/el-nazismo-y-la-iglesia-catolica-una.html

Eugenio Pacelli, Secretario de Estado del Vaticano y futuro Papa Pio XII, firma el concordato con la Alemania nazi en julio de 1933

Hoy hablamos a menudo del nazismo, hay infinidad de filmes, documentales y artículos sobre ello. Aparentemente parece haber una buena información sobre ese tema, aunque en realidad estamos ante otro caso donde abunda la cantidad y escasea la calidad. Hasta tal punto es así que si alguien de aquella época, cualquier alemán y especialmente los dirigentes políticos y económicos de aquel momento, viese lo que se comenta ahora sobre su momento histórico, seguramente no entendiesen que se estaba hablando realmente de lo que allí aconteció. Digo todo esto porque hoy se presenta al nazismo en gran medida descontextualizado, descontextualizado de sus principales promotores e impulsores, social, histórica, económica y religiosamente, cuando todos estos factores tuvieron una importancia capital en su desarrollo y llegada al poder. Especialmente olvidados son dos de estos aspectos que más contribuyeron a que todo esto se pudiese dar, me refiero a las facetas económica y religiosa, cuyos poderes, el económico y el religioso, empujaron y posibilitaron para que el partido nazi dominase Alemania y más tarde Europa.

Sobre el apoyo desde sus orígenes al movimiento nazi por parte del mundo de los negocios y posteriormente en pleno poder, ya elaboré dos artículos que recomiendo su lectura para entender cómo ocurrió este suceso histórico: La influencia del poder económico en el auge del nazismo y Las corporaciones y el fascismo: una vieja alianza.

Sobre la influencia del poder religioso en el progreso del nazismo, enfocado aquí a la ayuda de la Iglesia católica, hablaremos en este artículo.

En la no fácil llegada al poder político por parte del partido nazi en Alemania, tuvo que luchar contra poderosos rivales, uno era tan insalvable que parecía no haber opción. Se trataba de la unión política entre políticos moderados, tanto del partido socialista como del partido católico, que rechazaban cualquier extremismo. Esto hacía inviable que los nazis pudiesen controlar el Parlamento. No obstante, el problema del partido católico parecía tener una solución, y de hecho esto ya había sido resuelto con éxito en otro lugar donde triunfó el fascismo, en Italía. Allí, los fascistas, en confabulación con la jerarquía eclesial, anularon al partido católico, permitiendo la llegada al gobierno de Benito Mussolini. Para ver el proceso que se dio en Italia aconsejo este artículo: La Iglesia católica y el fascismo.

Visto este precedente histórico, Hitler, que era cristiano, a diferencia de Mussolini, buscó un acercamiento a la jerarquía católica. Hasta tal punto cedieron los nazis que prometieron algo que a la Iglesia le había costado mucho conseguir en Alemania, donde sus relaciones siempre habían sido difíciles debido a sus posturas intransigentes en política y religión, esta promesa era la firma de un Concordato.

Así, el 23 de marzo de 1933 el partido católico votó en el Reischstag (Parlamento) por Hitler.

Ya en abril, mayo y junio de ese año se llevaban a cabo las negociaciones del Concordato. Tal era el apoyo, que el prelado Kaas, líder del partido católico, en su estancia en Roma durante este proceso de negociación describiría a Hitler como:

Estas declaraciones recordaban a la de los altos dignatarios católicos en favor de Mussolini cuando les salvo de la quiebra y les dio y restauró propiedades y poder. (2)


En este ambiente de concordia entre nazis e Iglesia católica, Hitler diría:

El Papado ejerció entonces su poderosa influencia, ordenando a su clero instruir a los católicos sobre el buen camino emprendido por los nazis, convirtiendo a aquellos de dudosas intenciones y carácter violento en un referente al que apoyar y votar. Los resultados electorales mostrarían este cambio ejercido por el poder eclesial en las opiniones de los alemanes, los nazis aumentarían sus votos, su poder y su respetabilidad.

Otro aspecto poco ejemplar y bastante silenciado, es que Hitler hizo un trato con el Vaticano en el que pedía a la Iglesia que no interfiriera ni protestara contra la persecución que ya tenían en marcha los nazis contra los comunistas, los socialistas y los judíos, e incluso contra miembros díscolos de la propia Iglesia. Curiosamente todos ellos eran enemigos tradicionales e históricos de Roma (la jerarquía eclesial), los judíos especialmente también, no fue por ello difícil a los nazis utilizarlos como chivo expiatorio, ya que así habían sido usados durante siglos en el mundo cristiano. Desde los orígenes del cristianismo se persiguió al judaísmo, a pesar, y seguramente por eso, de que Jesús de Nazaret fuese exclusivamente judío y no cristiano. Ver este artículo sobre la figura del nazareno: Jesús de Nazaret: en busca de su realidad social

La Iglesia actuaba en el mundo no de acuerdo a un código moral, sino de acuerdo a un interés por el poder.

El partido católico finalmente cedió a las presiones y órdenes del Vaticano para que no fuera un obstáculo al partido nazi, y el 5 de julio de 1933 se llevaba a cabo su disolución. Eugenio Pacelli, que sería el futuro Papa Pio XII y que había sido nuncio apostólico en Alemania, en Baviera, y ahora era Secretario de Estado del Vaticano, decía para calmar los ánimos de los católicos:

La postura de la jerarquía católica en Alemania era clara, se abría una nueva era que apoyaron con entusiasmo y gran expectación. El cardenal Faulhaber lo expresaba de este modo:

El Arzobispo Bamberg también mostraba su firme apoyo de forma pública ante la prensa:

La Iglesia católica con este apoyo al nazismo obtenía privilegios y poderes que antes no había tenido, como imponer decretos en estados alemanes que antes se habían negado a recibir órdenes o a realizar acuerdos con el Vaticano. La Iglesia había luchado durante siglos para imponer sus decisiones a la Alemania luterana, ahora, con los nazis, conseguía de forma fácil lo que antes no pudo con todo tipo de estrategias políticas y militares. No hay que olvidar que en aquella Alemania solo un tercio eran católicos. A cambio de estos privilegios y de otros, como el deseado control sobre la educación, los obispos católicos prestaban juramento de lealtad al Reich nazi.

La cabeza de la Iglesia en Alemania, el cardenal Bertram, hablaba de la asociación entre el Estado y la Iglesia, sus metas comunes de promover la educación cristiana y llevar a cabo una guerra contra el ateísmo y la inmoralidad. Poniendo en evidencia el mito extendido en nuestros días de que el nazismo es debido supuestamente a los males del ateísmo, bien al contrario.

Cuando existieron protestas y choques de los civiles alemanes con los nazis, como los ocurridos con los líderes católicos Schleicher y Strasser, que fueron asesinados, el Vaticano siguió la misma actuación que en la Italia fascista, el silencio.

El Vaticano solo protestó contra el nazismo cuando chocaron sus intereses, algo lógico, ya que ambos eran sistemas totalitarios que querían imponer su voluntad, pero a pesar de eso siguió colaborando y apoyándolo. La jerarquía católica tenía en mente no solo los derechos y privilegios en Alemania, sino la conquista de la Unión Soviética, para destruir al gobierno comunista y especialmente también para dominar y someter a la Iglesia ortodoxa, un enemigo milenario. Para ello necesitaba a los los nazis. Y así ejerció su influencia en los millones de católicos extendidos por toda Europa, y cuanto mayor influencia tenía mayores y más terribles fueron las consecuencias. Ver el caso de Polonia: La invasión de Polonia por la Alemania nazi: un ejemplo de guerra humanitaria.



Notas:
(1)Avro Manhattan. The Vatican in World Politics. Italy, The Vatican and Fascism. London: C.A. Watts & Co. Limited, 1949.
(2) Mikel Itulain. El fascismo y la Iglesia católica.