“En el sentido ordinario, la palabra muchedumbre representa una reunión de individuos, cualesquiera que sean los accidentes que los reúnan.
“Desde el punto de vista psicológico, la expresión “muchedumbre” toma otra significación muy distinta. En ciertas circunstancias dadas, y solamente en estas circunstancias, una aglomeración de hombres posee caracteres nuevos muy diferentes de los individuos que componen esta aglomeración. La personalidad consciente se desvanece, los sentimientos y las ideas de todas las unidades, son orientados en una misma dirección. Se forma un alma colectiva transitoria, sin duda, pero que presenta caracteres muy puros. La colectividad entonces se convierte en lo que a falta de una expresión mejor, pudiéramos llamar una muchedumbre organizada, o, si se prefiere así, una muchedumbre psicológica. Entonces forma un solo ser y se encuentra sometida a la ley de unidad mental de las muchedumbres.”
En esta descripción de Le Bon podemos ver como el computador central actúa con fuerza al agruparse las personas en muchedumbres psicológicas. No obstante, muchedumbre pueden ser 2, 3, 5 ó 40 personas, ya que su significado psicológico (“muchedumbre”) es diferente del común. Cuando un sujeto ha desarrollado una fuerte individualidad es menos sensible en el momento a la coerción de la masa."
“En todo lo que es materia de sentimiento, religión, política, moral, afectos, antipatías, etc., los hombres más eminentes no pasan sino muy raramente el nivel de los individuos más comunes. Entre, un gran matemático y su zapatero puede existir un abismo desde el punto de vista intelectual; pero, desde el punto de vista del carácter, la diferencia es muy frecuentemente nula o muy débil”... “Las aptitudes intelectuales de los individuos... y, por consecuencia su individualidad, se borran en el alma colectiva. Lo heterogéneo se anega en lo homogéneo y dominan las cualidades inconscientes. Precisamente esta comunidad de cualidades ordinarias es la que nos explica por qué las multitudes no sabrán nunca realizar actos que exigen una inteligencia elevada. Las decisiones de interés general tomadas por una asamblea de hombres distinguidos, pero dedicados a especialidades diferentes, no son sensiblemente distintas de las decisiones que tomaría una reunión de imbéciles. En las muchedumbres lo que se acumula no es el talento sino la estupidez”
“Desvanecimiento de la personalidad consciente, predominio de la personalidad inconsciente, orientación por vía de sugestión y contagio de los sentimientos y de las ideas en un mismo sentido, tendencia a transformar inmediatamente en actos las ideas sugeridas; tales son, pues, los principales caracteres del individuo en la muchedumbre. No es el individuo mismo, es un autómata, en quien no rige la voluntad. Así, por el sólo hecho de formar parte de una muchedumbre, el hombre desciende muchos grados en la escala de la civilización.”
Más adelante expresa: “Las muchedumbres respetan dócilmente la fuerza y son mediocremente impresionadas por la bondad, que para ellas, es una forma de debilidad”.
“Sus simpatías no han sido concedidas nunca a los dueños benignos, sino a los tiranos que los han aplastado vigorosamente. Siempre elevan estatuas para estos últimos. Si alguna vez pisotean con gran satisfacción al déspota caído, es porque habiendo perdido su fuerza, entra en la categoría de los débiles, a quienes se desprecia porque no se les teme”... “Siempre prontas a sublevarse contra una autoridad débil, la muchedumbre se inclina servilmente ante la fuerte. Sí la fuerza de la autoridad es intermitente, esa misma muchedumbre, obedeciendo siempre a sentimientos extremados, pasa alternativamente de la anarquía a la servidumbre y de la servidumbre a la anarquía. Por otra parte, creer en el predominio de sus instintos revolucionarios sería desconocer bastante la psicología de las muchedumbres. En este punto, nos ilusionan solamente sus violencias. Sus explosiones de rebeldía y de destrucción son siempre muy efímeras. Las muchedumbres están demasiado regidas por lo inconsciente y bastante sometidas, por consecuencia, a la influencia de herencias seculares para no ser extremadamente conservadoras; abandonadas a sí mismas, abandonan bien pronto sus desórdenes y se dirigen, por instinto, hacia la servidumbre.”
Le Bon