La mitología comparada establece que un gran número de tradiciones antiguas a lo largo y ancho del planeta remonta sus orígenes a una civilización anterior enormemente avanzada que sucumbió a una catástrofe natural, y cuyos supervivientes tuvieron que emprender un éxodo que los llevaría a diferentes lugares donde comenzar de nuevo. Como ya tratamos en otro artículo, las diferentes disciplinas que han irrumpido en las investigaciones arqueológicas han abierto el campo de las incógnitas y puesto patas arriba todo lo que creíamos saber sobre las antiguas civilizaciones, haciendo que el “mito” de la Atlántida empiece a convertirse en la “historia” de los atlantes.
Tras estudiar el Critias y el Timeo, los textos de Platón donde se recogen las alusiones a la desaparecida civilización, muchos piensan que se trata de un relato muy coherente que va más allá de la pura fabulación. De hecho, hay ocasiones en que Platón duda de aspectos de la historia que está contando, lo que daría a entender que su postura era la de plasmar un documento con cierto rigor, no una leyenda. De haber sido así, explican, no se preocuparía por la veracidad de tales elementos.
Georgeos Díaz Montexano es un investigador que defiende la existencia de una escritura atlante origen del indoeuropeo y del egipcio. Platón cuenta cómo los atlantes escribieron sus leyes en una columna de oricalco. También explica cómo escribían en tabletas de bronce. Una escritura que se graba en metal tiene que ser lineal, muy parecida a la nuestra y basada en un alfabeto o silabario, cuyos signos son representaciones fonéticas y no símbolos. La escritura atlante se halla distribuida a ambos lados del atlántico. Sería la escritura madre de casi todos los alfabetos conocidos.
Según los textos de Platón, los atlantes se expandieron desde el golfo de Cádiz hacia el interior de las columnas de Hércules, por casi todo el Mediterráneo, hasta alcanzar los límites de Egipto, Grecia y el Asia Menor (Anatolia). Para Díaz Montexano, son varias las huellas de la escritura atlante halladas en cuevas de Francia y del norte de España. Asi, en la cueva de Altamira, hay dos signos atlantes a ambos lados del dibujo de un bisonte. Otros tres signos definen el concepto de un ciervo. Cuando se extrae el valor fonético, éste coincide con el significado del animal en antiguos lenguajes, bien de origen indoeuropeo o bien de procedencia egipcia.
En cuanto a la conexión con Egipto, la historia de la Atlántida llega a través de un antepasado de Platón que estuvo en contacto con aquellas tierras. Según explica en sus diálogos, los nombres de las dinastias atlantes son translaciones al alfabeto griego de significados egipcios. Así, bajo esta idea, el nombre para la pirámide de Keops se puede interpretar, según Montexano, como “pirámide de la isla del sol poniente”.
En la llamada placa de Aha, Montexano interpreta: “Gran catástrofe en el distrito del mar de Ra. La alta ciudad de Ata, la de las casas alineadas sobre la pródiga colina, fue destruida en medio de las aguas y hundida en un solo día”.
Albert Slosman fue uno de los grandes defensores de la relación entre la Atlántida y Egipto. Antes de visitar las tierras de los antiguos faraones y analizar sus monumentos, fue en Camerún donde los miembros de la tribu Faku le hablaron sobre un gran cataclismo que había hundido un inmenso continente situado al oeste de África.
Esta misma historia volvió a encontrarla en Egipto, tanto en los textos del Libro de los Muertos, como en los muros pétreos del templo de Dendera.
En los viajes que Slosman realizó a Marruecos, se percató de que algunos lugares geográficos tenían mucha similitud con algunos prefijos y sufijos utilizados frecuentemente en los textos jeroglíficos del Libro de los Muertos, como la Duat y Ta Mana. Si Ta Mana, en los textos jeroglíficos, puede traducirse como el “lugar del Poniente del sol”, el “lugar de los Bienaventurados”, Ta Uz significaría, a su vez, “lugar de Osiris”.
La ciudad de Tamanar se encuentra a sesenta kilómetros al norte de Agadir, y Ta Uz, a la entrada del desierto sahariano. De la misma manera que hicieron los de la tribu Fako, los beréberes contaron a Slosman una historia parecida sobre su ascendencia divina y procedencia lejana, un lugar idílico situado al oeste.
Según Slosman Atlántida se hundió en el 9792 a. C., atendiendo a la lectura e interpretación de los acontecimientos narrados en el planisferio celeste grabado en el techo de una de las salas del templo de Dendera, más conocido con el nombre de “zodíaco”.
En una próxima entrada, hablaremos sobre la conexión entre atlantes y civilizaciones americanas, pues Díaz Montexano también dice haber encontrado restos de escritura atlante en lugares como la piedra de Ingá, en Brasil, un monolito de 23 metros de longitud, hasta cuatro de ancho y una altura de casi dos metros. Del mismo modo, ha interpretado un pectoral de oro de la cultura mizteca expuesto en el museo de Monte Albán, México, formado con signos atlantes y que diría lo siguiente: “isla atlántida”… en código indoeuropeo.
–Entrevista a Georgeos Díaz Montexano, Espacio en blanco, RNE, 9/01/2011:
fuente: http://www.amanecer2012.com/historia/la-atlantida-madre-de-egipto/